jueves, 12 de febrero de 2009

LOS PERROS

El cuarto iluminado por la luz de la luna.
El abandona el sillón donde dormitaba.
Con una almohada se acerca a la cama donde ella duerme.
Luego de corta resistencia ella se queda quieta. El retira la almohada, el rostro muestra una tenue crispación. Le acomoda los brazos sobre el pecho. Ahora enciende el velador y pasea la mirada por el cuarto sin saber qué busca. Sale a la galería, prende un cigarrillo. Amanece, el silencio es total. Lentamente se encamina a la salida. La puerta de hierro está cerrada con cadena y candado, el aire huele a madreselvas. Suspira y se retrotrae a otros tiempos. Decidido lleva la mano a la cintura, el candado salta a pedazos. El estampido hace ladrar a los perros.