jueves, 12 de febrero de 2009

RÍO

Es verdad, es así como decís. He tenido miedo de cumplir con mis amenazas, producto de tu fría indiferencia. He pensado que al morir te perdería para siempre, a pesar de saber que ya no significo nada para vos.
Me acuesto con la esperanza, después de una tonta discusión, con la ilusión de que el roce de mi pie, el calor de mi cuerpo que desea el tuyo, te podrá retrotraer a los primeros tiempos de nuestro amor.
Siento un dolor muy hondo que destroza mi pecho cuando compruebo tu feroz indiferencia que hace que mis palabras reboten en tus oídos. Mi cara empapada en llanto no es estupidez- como dices- ese llanto incontenible en el que se me va la vida, esta vida mía que matas arteramente, la defensa inconsciente que brota de mi desesperación.
No dudo, no me dejas dudar. Que te den risa las expresiones de mi dolor ya que creo que estás muerto, que no sientes que tu crueldad corresponde a quien perdió el alma.
Muchas noches víctima de tu indiferencia, de tus heladas reacciones me he ausentado, he llegado al borde del Sena. He regresado con el propósito de poder recuperarte... Es verdad que he vuelto a ser tuya en medio de un delirio tratando por tu parte de domar mi resistencia nacida del remordimiento, de la certeza de saber que no me quieres, es por eso que hoy te dejo estas líneas.
Mi consuelo es la certeza de que cuando veas mi cuerpo sobre las piedras del muelle, con mis ojos abiertos sin luz es cuando despertarás de tu sueño de zombi y tu dolor por mi será eterno.