lunes, 12 de marzo de 2018

CARAMBA, NO ME PRESIONEN

No entiendo la demora, no tiene sentido, voy a llegar tarde a la seccional y no acostumbro hacerlo. El deber es el deber, pero a sus órdenes, puedo responder, repetir lo que ya he dicho, aunque estoy algo confundido. Usted es mi superior, usted manda. La mala noche que he pasado y después todo este alboroto, como le dije, venía a tomar el subte, bajaba por la escalera mecánica cuando los vi, Nancy estaba vestida con esa solera ajustada y esas sandalias plateadas que le tengo prohibido usar. El pelo a la cintura, porque Nancy es inconfundible con ese pelo rubio ensortijado. Cuando la conocí me partió, y qué hacía ahí me dije, si yo la había dejado más muerta que viva en Morón, en la casa de la vieja, no, no era frecuente que nos separáramos. Sólo aquella vez que me bajaron aquellos chorros a los que yo solito les frustre el asalto a la cooperadora, entonces, ella me visitaba todos los días en el Churruca. Usted me dice si peleábamos, y sí, ella me provocaba, me sacaba de las casillas, sí, la última vez le di unos sopapos, cosas de parejas, al principio usaba el cinto, después se ponía mansa y hasta se aprovechaba para sacarme algo. Cuando yo llegaba se me tiraba al cuello, y me pedía. Me fui metiendo en créditos para comprarle para el crío y para ella. ¿Cómo? no, no debo nada, siempre pagué puntualmente aunque después me quedo seco, pero ella se lo merecía. Qué dice señor, claro que estoy nervioso, es lógico en este trabajo, la tensión en la calle, las obligaciones y deberes son superiores a los beneficios. Yo no soy como algunos que para anular una contravención cobran y en ocasiones se conforman con un café. No es fácil estar entre coimeros. Nancy nunca me había fallado ¿qué dice? que hablo en tiempo pasado cuando se trata de ella. Claro eso era antes de perder el chico, ahora está alterada, caprichosa, se quiso ir y me obligó a acompañarla a lo de la vieja que anda diciendo que Nancy perdió al chico por mi causa. Ella quería esta separación para calmar los ánimos, y yo me lo creí pero no volvió, la pájara me engañaba, y puede que desde antes. ¡Qué inocente! yo pintaba la pieza para el pibe y ella dale vomitar para no preparar el morfi, ahora me vengo a dar cuenta. Sabe jefe, la vi abrazada con ese tipo melenudo en el andén. ¡Cómo me la vendió la zorra! Me cargó a mí con el hijo, lo perdió, hay un Dios y justo. Me la encontré para enterarme de la verdad, la vi y me agarró un dolor de cabeza que casi no pude moverme . . . Ella ahí, el tipo la tenía abrazada, y ella se apoyaba en él, meta reír... Me cegué, desde donde estaba no podía detenerlos, ellos en el andén como si estuvieran solos en el mundo. Desde lo alto de la escalera yo empujando para acercarme. No podía detenerlos, llegaba el subte . . . Grité: ¡Nancy pará, pará, me estás matando! Me miró sin conocerme, no quiso. Subieron abrazados. ¡Podridos! les tiré desde donde estaba. El coche arrancó . . . Les di. Era lo que merecían . . . No, no estoy loco, si lo estuviera habría fallado y no fallé, mi mano no tembló, los bajé a los dos, yo los vi. Este dolor de cabeza no me deja. Tantas veces la escuché decirme que yo era el gran amor de su vida, yo fui su primer hombre. Ella era sólo una pibita. Ya no les creo nada ni a ella ni al médico que me llamó para felicitarme y pedir que la cuidara porque estaba anémica y deprimida . . . ¡deprimida!. Para esto quería la libertad, para estar abrazada con el melenudo. ¡Mentiras! Todos han mentido, el médico, la vieja, y ella, y hasta mi superior que me dijo: la Nancy es una perlita . . . ¿Cómo? ¿Qué tengo que ver con esa pareja de bolivianos que mataron en el subte? Pero no, cómo que los maté yo ¿qué razón tengo para hacerlo? Señor soy inocente, yo sólo le tiré a Nancy Ruiz mi mujer, me engañaba, soy el marido, tengo derecho, no, no me pongo nervioso es que tengo que llegar a la secional, siempre lo hago puntualmente. No voy a perder un ascenso . . . Nancy . . ., ¡Puta qué mala suerte haberla encontrado esta mañana!