jueves, 12 de febrero de 2009

TE INVITO AL CINE ESTA NOCHE

Cada tanto se entusiasmaba con otra, pensó con inquietud mientras lo esperó vanamente.
Habían quedado en ir al cine esa noche, temprano claro, para después ir a comer y a bailar. Completo todo. Recalarían en Coronel Díaz. Preparáte, le había dicho, pasaremos la noche juntos.
El segundo llamado había sido para avisar que estaba retrasado y que le dejara la entrada en boletería. Gracias a eso ahora tenía el cuello dolido de tanto darse vuelta. Grandísimo Canguro, pensó. Salió del cine cuando apagaron las luces con la muerte en el alma. Caminó hasta la esquina y se tomó un whisky rumiando lo que le estaba pasando. Tenía que verlo . . .
Cómo no lo había pensado, había otra mujer, siempre aparecía una. Ella dando vueltas y él encamado con la de turno, iría a sorprenderlo.
En la puerta, el portero la saludó y comentó: al fin se la ve.
Ella hizo un gesto de desagrado, y abrió la puerta sin ninguna resistencia. Todo estaba totalmente oscuro. El sudor hacía que el vestido se le pegara al cuerpo. Finalmente, dio con la llave de la luz temblando como una hoja en un vendaval.
Nadie. La cama tendida, los ceniceros limpios, los muebles cubiertos de polvo. En la cocina, dos tazas sucias de mucho tiempo atrás. Indudablemente ahí no habían estado, la otra debía tener departamento. ¿Dónde buscarlo ahora?
La impotencia la acompañaba en el recorrido por los bares donde sabía que él acostumbraba a ir.
De nuevo sin saber qué hacer, pero esta vez no aceptaría excusas, no caería en lo mismo, no volvería a perdonarlo o dejarse seducir con otras noches encerrados en Coronel Díaz.

Se despierta en medio de la oscuridad. Hay un profundo silencio, quiere saber la hora, el reloj no tiene pila, por el teléfono se entera que es casi mediodía.
Tiene aún el vestido puesto que suena como acartonado, percibe un olor extraño, sobre la mesa la cartera, un programa de cine, tambaleando logra llegar a la puerta, necesita ver el diario, la fecha le indica que han pasado dos días de su ida al cine. Puta como he dormido, se dice, mientras fuma un cigarrillo trata de recordar . . .
Después de vueltas y vueltas sin hallar rastros de él, después de mil whiskys, la angustia le apretó el pecho y regresó a Coronel Díaz y esa vez los descubrió: él desnudo, esa mujer de mechas negras, la piel brillosa iluminada por el velador . . . Se apoyó en la mesa, habían comido ahí, su mano rozó una tijera de tronchar . . .
Ahora, en la cama, un olor nauseabundo la envuelve al moverse, observa los arañazos en sus brazos, recién ve sus uñas sucias como si hubiese rascado una res.
Está confundida. Sale de la cama, camina hacia el baño, tira el vestido en la bañera, luego entra en ella, deja correr el agua. El vestido tapa el desagüe, el agua queda retenida y el agua es roja, roja como la sangre.