Sentada debajo del roble veía a pocos metros a sus hijas, maridos y amigos reunidos charlando y riendo. Sin proponérselo dejaba correr sus recuerdos de épocas pasadas, cuando aún podía participar de todo, ocuparse de organizar. Participar. Tiempos en que su físico le respondía y la vitalidad la facultaba para un sin fin de actividades donde el tiempo resultaba corto.
Se incorporó y dificultosamente corrió la silla persiguiendo el sol. Miraba hacer a los otros, escuchaba las conversaciones, sentía la necesidad de intervenir . . .
Contrólate Margarita. Cerró la boca, no le resultaba fácil quedarse callada, luego de ese largo tiempo de estar sola. Hacía rato que no aventuraba una opinión, no la escuchaban, y pobre de ella si intentaba integrarse al grupo.
– ¡Cuidado! ¡Quédese quiera! No sea que se dé un golpe . . .
O cuando intentaba servir el té:
– Oh, no, se va a quemar. Deje, ya le serviremos .. .
Alguien se acercó a invitarle una masita, los demás se fueron aproximando, comentaban de política, de la fuerte crisis, de la desocupación . . .
Sonrió.
– La historia se repite: Hace mucho tiempo yo era chica. Estábamos en crisis. Era diferente, era económica, sólo económica. No como ahora que es de valores además . . . Europa nos ayudó, la garantía fueron nuestros campos, el ganado argentino, el agro, nuestro esfuerzo. El granero del mundo, así se nos llamó. Yo era chi . . .ca . .
– Mamá querida, usted no entiende, no sueñe, eran otros tiempos además usted no está preparada para opinar. Tranquila, calme su impulso ¿Quiere que la acompañe a su cuarto para que descanse? . . .
Las mejillas le ardían, la invadía una gran tristeza, sentía que su cuerpo se retraía, se empequeñecía hasta desaparecer. Ellos se apartaron. Se quedó sola, sentía frío. Se había levantado una brisa helada que se volvía violenta. Se contrajo aún más, escuchaba las voces desde lejos . . .
Una de sus hijas fue a buscarla al parque. Sobre la silla debajo del roble, encontró un pequeño montoncito de tierra y ramitas secas que el viento que ahora soplaba con más fuerza no había alcanzado a dispersar.